Un viernes especial

Como cada viernes, ella se arregló muy bien para la comida, con un vestido azul pegado a su cuerpo, que se ponía por primera vez. Era un vestido especial para ella, porque era la primera vez que se animaba a ponerse una prenda sin tener que usar brassier. Como tiene el busto grande es muy extraño que se vista sin usar ropa interior. Se le veía muy bien; su escote amplio y generoso dejaba ver la mitad de sus senos, que se movían apretados contra la tela del vestido cada vez que caminaba. Su cuerpo con la tela ceñida, su pelo recién lavado, negro y brillante, así como su preciosa cara, le daban un aspecto de mujer increíblemente sensual y atractiva. Además se notaba que le gustaba andar así, sintiendo solamente que su busto estaba sostenido por dos delgados tirantes. Estaba de buen humor; después de comer nos quedamos en la sala toda la tarde conversando y tomando unas copas de vino.

Ya de noche recibió una llamada de una de sus amigas. Cuando colgó me comentó el tema: el marido de ella estaba un poco deprimido por problemas financieros que tenía y su amiga estaba sola y aburrida en su casa. Entonces se me ocurrió sugerirle que la llamara y los invitara a los dos a nuestra casa, para que se distrajeran un poco. Ella aceptó, dijo que era buena idea y que además pensaba que al esposo de su amiga le vendría bien pasar un buen momento para despejar su mente. Al decir eso sólo pensé que se refería a tomar unas copas y platicar, pero noté que ella algo estaba planeando y sólo me dejó saber algunas pistas. Cuando hizo la llamada escuché que le decía a su amiga: “Dile a tu marido que se anime, que estoy estrenando un vestido muy padre y que puede darse un buen agasajo de pupila”. Se rió, pero algo me decía que hablaba muy en serio y quería darle alguna sorpresa a nuestro amigo. La esposa de él le respondió que sí, que le hacía buena falta porque estaba muy amargado. Cuando colgó me preguntó que si estaba bien lo que le había propuesto a su amiga; yo le respondí que sí, que por mi encantado.

Cuando llegaron los dos no tardaron en decirle lo espectacular que se veía en su vestido azul. Ella agradecía, se daba unas vueltas y dejaba que sus encantos quedaran a la vista. Nuestro amigo no se animaba mucho a expresar su admiración hacia mi mujer, a pesar de que sabía que entre nosotros no había problema por esas cosas; se le notaba triste y preocupado, algo tenso. Fue hasta después de varios tragos que comenzó a relajarse. Para entonces mi esposa se había sentado a su lado, le tomaba la mano y lo abrazaba mientras conversábamos. Ella se paró varias veces a bailar; a veces sola, otras con su amiga y a veces me invitaba a mí y luego a nuestro amigo. Bailaba muy sensual, moviendo sus caderas, la cintura y levantando las piernas de tal manera que el vestido dejara verlas más de lo normal. El escote era cosa aparte: sus grandes y redondos senos parecían a punto de salirse del vestido. En una de esas ocasiones ella se le acercó insinuante, como para provocar alguna reacción en él. Se levantó el vestido hasta los muslos y le bailó enfrente por unos minutos, mientras que se agachaba hacia delante, para que sus pechos quedaran enfrente de su cara. La esposa de él la animaba dando gritos y echándole porras, pues estaba viendo que mi mujer se esforzaba por agradarle a su marido y éste ya estaba comenzando a prenderse. No le quitaba la mirada de encima, le aplaudía mientras ella le bailaba y parecía querer comérsela con los ojos.

Entre canción y canción ella se le montaba encima, jugando a tratar de besarlo, a lo que él se resistía divertido, pero a la vez con ganas de dejarla hacer su juego. Como yo estaba tomando fotos y video de todo, en un momento la mano de ella se posó sobre su pene, lo tocó y lo acarició mientras le decía cosas al oído, con sus labios carnosos muy pegaditos a la cara de nuestro amigo. Como parte de todo aquello, él compartía con ella una botella medio llena de tequila, que se la turnaban tomándosela directamente en la boca. Llegó un momento en el que pensé que él le respondería a su juego y que también empezaría a manosearla, a besarla… Realmente faltó muy poquito para que ocurriera. Ella seguía bailando muy cachonda cuando se me ocurrió decir lo que fueron las palabras mágicas que prendieron ese momento: “¡Mucha ropa… mucha ropa!”. Nuestra amiga también comenzó a pedir lo mismo: “¡Mucha ropa… mucha ropa!”.

Entonces ella agarró de repente su vestido con las dos manos y se lo subió hasta dejar a la vista de todos, su tanga blanca; dio varias vueltas bailando y levantándose el vestido cada vez más arriba. Yo estaba grabando el video, pero podía ver a nuestro amigo gozando la escena; no le quitaba la mirada de encima y también le decía quién sabe qué cosas. Mi esposa se le acercaba cada vez más insinuante y -de pronto- en un movimiento inesperado se levantó todo el vestido, se lo sacó por arriba y se quedó desnuda, bailando delante de los tres, solamente con su tanga blanca tapándola. Se cubría sus grandes tetas con las dos manos mientras bailaba y giraba delante de nosotros sonriente y divertida. Luego subió las manos y dejó ver sus encantadores pechos por completo. Se le acercó a mi amigo muy sugerente, como invitándolo a que él agarrara aquellos deliciosos melones con sus manos. No se animó; él me miraba como para ver si yo le daba permiso o algo así, pero también yo estaba sorprendido y no alcancé a reaccionar en ese momento. La esposa de mi amigo estaba muy animada y le gritaba a ella que se quitara todo de una vez.

Mi esposa decía que no con el dedo de la mano, mientras seguía bailando muy cachonda y muy sonriente. Se paseaba por toda la sala ya con sus tetas al aire libre, en un baile muy sensual y provocador; luego comenzó a poner sus manos en la tanga y parecía que en cualquier momento se la quitaría. Todos estábamos pendientes de eso, mientras la animábamos con el grito de: “¡Todo…todo!”.
La canción que estaba bailando se terminó y justo entonces ella se dio una vuelta, quedó de espaldas a mi amigo y se bajó la tanga mostrándole sus nalgas desnudas, a casi un metro de su cara, en todo su esplendor. Fue algo rápido, porque se volvió a subir el diminuto calzón mientras salía apurada de la sala rumbo a su recámara. Mientras se iba, nosotros le gritábamos que bailara otra canción más. Mi amigo estaba fascinado, a punto de reventar igual que yo, que ya no podía ni sostener la cámara de video de la emoción.

La esposa de él fue a reunirse con mi mujer en el baño. Seguramente le agradeció el momento y también le pidió algo más de show, porque al rato volvieron las dos y ¡wow!: Mi mujer se había cambiado de ropa; ahora llevaba una minifalda anaranjada de tela muy delgada y pegadita, que dejaba ver sus hermosas piernas casi por completo. Arriba se puso una blusa también escotada, de tirantes, de color rosa, con un brassier blanco abajo. El baile fue espectacular; los tres le gritábamos lo mismo: “¡Mucha ropa… mucha ropa!”. Ella se quitó primero la blusa, me la aventó a mí; luego la falda y se la puso a él en sus rodillas; cuando se empezó a desabrochar el brassier todos gritamos de emoción. Lo malo es que yo ya no estaba grabando la escena, pero vi cómo se despojó del sostén y dando vueltas se lo aventó a nuestro amigo a la vez que casi le ponía sus redondas tetas en la cara. Unas vueltas más y comenzó a bajarse la tanga, que esta vez era de color beige. Nos dio la espalda para terminar de quitársela y los tres tuvimos ante nuestros ojos aquel culo maravilloso, redondo y espectacular desde aquella distancia. Aventó el calzón con un pie y comenzó a darse la vuelta. La canción terminó entonces y ella se quedó todavía dando dos giros, pero con una mano cubriendo su sexo, así que no dejaba ver nada más.

Cuando ya se dio la vuelta para salir de la sala hacia el pasillo que lleva a las recámaras de pronto levantó las manos. Nos dejó ver por unos segundos su espléndida concha. Parecía un panecito esponjado, con los vellos a medio crecer porque tenía poco tiempo de haberse rasurado. Fueron unos segundos en los que la tuvimos enfrente de nosotros, totalmente desnuda, con las manos en señal de agradecimiento porque no dejábamos de aplaudirle. Se volteó y corrió hacia adentro, como toda una estrella. Tardó un ratito en volver, ya cambiada otra vez, aunque ahora menos provocativa; con un pantalón de mezclilla pegado y una blusa blanca que de todas maneras dejaba ver sus encantos. Retomó la plática preguntando qué nos había parecido el show. Cada quien le hizo sus comentarios; comenzamos a ver las pocas fotos que yo había tomado y mientras hablábamos de lo maravilloso que habían sido los dos bailes ella le acariciaba a él la cabeza y nuestro amigo no dejaba de abrazarla por la cintura...

Todos estábamos excitados, se notaba en el ambiente. Mi amigo no dejaba de decirle lo bien que bailó mientras le sobaba uno de los brazos y con la otra mano le agarraba una pierna. Ella estaba ya bastante ebria por las copas que había bebido y se dejaba llevar. Le decía qué estaba feliz de verlo contento otra vez. La esposa de él quería que mi mujer hiciera otro baile; su esposo también se lo pedía y yo me uní a ellos sugiriendo que nos mostrara otro de sus vestidos sexys, uno negro muy cortito y de tirantes delgados que a mí me encanta. No se hizo mucho del rogar, fue y regresó despampanante. Le puse música y empezó otra vez el espectáculo. Cuando se quitó el vestido se notaba que ya estaba muy ambientada; cerraba los ojos sonriendo muy alegre, se movía sensualmente; muy lentamente se quitó el brassier negro que se había puesto para la ocasión. Sus encantos volaban por el aire mientras se contoneaba; luego se despojó de la tanga, también negra, la tomó con sus manos mientras bailaba y se paseaba desnuda por completo por toda la sala, y de nuevo se la tiró a la cara a nuestro amigo, que estaba a más no poder.

Se acabó la canción y al empezar la siguiente ella fue hasta donde estaba él y lo invitó a bailar. Se abrazaron mientras se movían, pero entonces ella empezó a recorrerlo con sus manos por todo el cuerpo. Él se animó y se le pegó lo más que pudo, tocándola por la espalda y la cintura. La esposa de él y yo estábamos atónitos, mirándolos a los dos con la boca abierta. Luego ella puso una mano en su pene y se lo agarró por encima del pantalón mientras bailaban. Le tomó una mano a él y lo hizo que le agarrara sus tetas. Eso lo prendió y entonces comenzó a tocarla con sus dos manos por todo el cuerpo, mientras ella cerraba los ojos y se dejaba acariciar. Él llegó hasta su cocha y se la agarró mientras ya le empezaba a besar uno de sus pezones. Ella se dejaba hacer todo, cachondamente. Yo quise reaccionar y tomar la cámara de video para grabar, pero no pude hacerla funcionar. Su esposa les gritaba cosas, para que ambos se animaran a hacer más. El espectáculo era tremendo para nosotros.

Ella lo agarró de pronto con sus manos de la cara y lo besó intensamente; él la acariciaba, le tocaba sus tetas, le agarraba las nalgas, los muslos, la concha y todo lo que podía. Entonces ella pareció encenderse y comenzó a quitarle la ropa, cosa a la que él rápidamente le ayudó. Se desnudó allí delante de nosotros, como si no estuviéramos, y ya sin ropa lo primero que hizo fue pegarle su pene erguido a su espléndida concha. Ella se lo agarró casi gimiendo de la emoción, lo miró embelesada, con deseo, y se lo acercó a su cuerpo hasta restregarlo, mientras lo empujaba a él hacia el sillón donde había estado sentado unos minutos antes. Yo no podía reaccionar; la estaba mirando a menos de tres metros de donde yo estaba, desnuda enfrente de mi amigo, cogiéndole su pene entre las manos y besándoselo. Se acostó en el sillón y entonces él se le montó rápidamente, como un animal. La esposa de él no perdía detalle y les decía quién sabe qué tantas cosas, para animarlos a seguir, pues ya todos estábamos demasiado ebrios.

Allí los vi, delante de mí, sin perder detalle de cómo lo hicieron. Él se subió encima de ella y la penetró sin misericordia, una y otra vez, y otra vez más… Ella levantaba las piernas hasta donde podía, se tomaba los pies con sus manos y gemía de placer, con los ojos cerrados, pero con una expresión de gusto inmenso en su rostro. Él la agarraba de los cabellos y le metía su pene cada vez con más fuerza, haciéndola gritar de puro placer. Ella alcanzaba a decir: “¡Más… más… más!”, mientras que él se excitaba al escuchar esas palabras y se le iba encima con mayor fuerza. Besándole los senos mientras se la cogía, alcancé a escuchar que le dijo: “¡Grita… me gusta cómo gritas”! Ella lo complació de inmediato, levantando la voz y gimiendo y gritando de placer de manera exagerada, como para que se escuchara por todo el edificio donde vivíamos y quizá hasta más lejos. Parecían dos animales en brama. Cuando vi cómo él la agarraba de los cabellos, la jalaba hacia sí y la embestía una y otra vez y ella gritaba, entonces pensé en algo que siempre tuve en mente desde que comencé a soñar con hacer realidad un momento así: No estaban usando protección (condón); nadie pensó en eso por la situación tan excitante en la que se dieron las cosas. Ya era demasiado tarde para remediarlo, porque sus gritos espectaculares hicieron que él se encendiera más y parecía estar a punto de reventarse.

No sé qué expresión tendría la esposa de mi amigo, que estaba sentada en otro sillón viendo esa cogida formidable que su marido le estaba dando a mi mujer, pero yo estaba embelesado. Lo del condón me vino a la mente cuando me di cuenta de que él se estaba vaciando adentro de ella. Ambos se abrazaron muy fuerte en ese instante mientras gritaban y se revolvían en el sillón, extasiados, gozosos y ardientes. Fue hasta entonces que noté que ambos se estaban besando en la boca apasionadamente, mientras él le metía su pene y le daba las últimas embestidas. Luego, mientras acababan, le mamó los pezones furiosamente, mordiéndolos hasta el punto en que ella gritó y le pidió, entre balbuceos llenos de excitación: “¡Por favor no me muerdas, no me muerdas!”.

Acabaron y se quedaron plácidamente acostados un rato, ahí en el sillón de mi sala, él encima de ella, abrazados y pegados, todavía él con el pene adentro de su concha, mientras en el fondo se escuchaba la música. Mi esposa ya prácticamente se quedó dormida en el sillón, desnuda, recién cogida por un buen amigo y algo ebria por el vino y el tequila. Nuestro amigo se levantó como pudo, se vistió rápidamente y me dijo –apuradamente- que ya se iban. Su esposa hizo lo mismo, se despidieron de mí y él no sabía que más decirme. Yo solamente les dije a los dos -cuando los despedí en la puerta- que había sido una gran noche, que no se preocuparan tanto y que otra vez hacíamos algo más, siempre que mi mujer estuviera de acuerdo.

Cuando se fueron yo estaba emocionado y no sabía ni que pensar. Siempre había fantaseado con ver a mi mujer envuelta en algo así, aunque no en ese nivel, y menos con nuestros mejores amigos. La miraba desnuda y agotada sobre el sillón, y de sólo recordar lo que había pasado me excité tanto que quise saltar sobre ella allí mismo, igual que lo acababa de hacer nuestro amigo: Él se la había cogido ante mis ojos, se había vaciado adentro de ella sin la menor consideración y allí estaba durmiendo como si nada hubiera pasado, con su hermosa cara reflejando la satisfacción del momento que había vivido.

Fuente: http://www.marqueze.net/nuevos_relatos/2006-9-3UN_VIERNES_ESPECIAL.html


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