Marta, mi vecina regordeta

Esto ocurrió hace tiempo cuando era un jovencito y mi ideal de mujer era la chica Playboy. Afortunadamente eso cambió. Tenía 18 años y venía de hacer las compras pues mis padres me dejaban solo ese fin de semana, subiendo la escaleras ya oía a Rudy, el perro de mi vecina un pequeño hijo de puta bastante arisco, ladraba por todo el pasillo aún con la correa y se dirigía hacia las escaleras. Oí a Marta gritar: -Por favor Alberto cógelo.

Al agacharme a por él, el maldito chicho me mordió en una mano y se me cayeron las bolsas, Pequeño, pero matón, con tan mala suerte de romper unos huevos y el break de zumo... cuando estuve apunto de pegar una patada a Rudy, entre maldiciones se acercó Marta. Bueno ella rondaba los 40 y es morena con pelo rizado, y si está bastante gorda, nunca me había fijado en ella, pero al salir en bata vi como casi un enorme pecho salía al llegar donde estaba. No podía dejar de pensar en ese pecho, al agacharse por Rudy pude comprobar que tenía unas tetas enormes.

Perdona he tenido que dejar la puerta abierta, oye tienes sangre en esa mano y lo siento por tus compras. No pasa nada, dije sin poder sacarme esas enormes tetas de mi cabeza, solo eran unos huevos. Mientras nos dirigíamos a nuestro piso, ella se paró en su portal me dio las gracias y yo seguí parado adelante, pero de pronto me llamó.
¡Oye Alberto!, ven me siento mal, tengo huevos aquí y te curaré la herida, es una pena que ahora que estás solo empieces así el fin de semana.
Entré en su casa y me llevó directamente a su dormitorio, ni que decir tiene que lo estaba deseando, pero al final resultó que su baño estaba dentro del dormitorio.

Mientras me echaba el agua oxigenada me empezó a decir si no me gustaban los perros, porque le gritaba al suyo que solo fue un accidente, pero yo solo podía ver sus pechos bamboleando de un lado a otro. ¡Vaya te gustan mis pechos, eh! Me dejó de piedra, no te preocupes jeje, te voy a demostrar porqué me gustan los perritos, se fue y me dejó allí solo con una erección del 15, cuando volvió venía con una correa de perro y la bata más abierta que antes.
Vas a ver porqué me gusta un perrito que me de todo el cariño que necesito, a veces me siento tan sola. Me colocó la correa- Saca la lengua Alberto- ummm que bien como voy a disfrutar contigo.

Me agarró la cabeza mientras con la mano izquierda se abría la bata, atrayéndome hasta su pecho.

-ummm... si chupa perrito, te gusta verdad. No podía dejar de chupar ese enorme pecho, no podía parar. Al principio solo pasaba mi lengua y poco a poco empecé a chupar y a mordisquear un pezón que cada vez estaba más duro. Su bata estaba apoyada entre sus hombros y resbalaba por su espalda, empezaba a jadear y no paraba de ofrecerme sus dos pechos, me metió la cabeza entre sus pechos apretándola bastante fuerte. Mientras gemía me liberó y seguía chupando como un poseso. De repente noté como me desabrochaba el pantalón y caía al suelo, metió su mano en el slip y empezó a pajearme, paré para mirar al sentir su mano en mi polla que ya estaba a punto de explotar.

No pares perrito tienes que ser bueno y obedecer a mami, mientras me decía eso empujaba mi correa para que mi cabeza llegase a su pecho.
Cada vez acercaba sus muslos a mi pene sin dejar de pajearme su bata ya estaba completamente en el suelo, sin poder más me corrí en su mano, ella se rió.
¡Vaya! Mi perrito esta bastante excitado. Sígueme.
Ella tiraba de mi correa, el collar me apretaba, pero no podía dejar de mirar ese culo enorme. Se paró de golpe. ¡Vaya que perrito tan listo si sabe andar de pie!, de rodillas y ven con mami

Se sentó en la cama y me puso el pie en la boca empecé a lamer primero su planta del pie luego sus dedos uno a uno y redondeaba con mi lengua su tobillo, ella se echó, abrió un poco sus piernas. ¡Bien! Lame mi coñito perro, quiero correrme igual que tú.
Subí lamiendo todo su muslo, acercándome a su coño que ya estaba algo húmedo, incluso se estaba metiendo un par de dedos.

Cuando llegué a su coño me dio sus dedos para que los chupase.

-Espero que te guste porque quiero que lo tomes todo, con sus dos manos me agarró la cabeza y me la metió entre sus piernas, su raja era enorme, lo lamía de arriba abajo. Cuando llegué al clítoris lo apretaba con mis labios jugaba con él con mi lengua, ella cada vez gemía más. ¡Si perrito, así!, cada vez estaba más mojada y volví a empalmarme, de repente su coño explotó, me empapó prácticamente toda la cara entre un gran grito de placer. Me cogió de la mano y me llevó hasta la almohada donde estaba echada.

-has sido muy bueno perrito, ahora mami te va a follar de verdad, mientras me besaba en la boca llena de sus fluidos me pajeaba.

Empezó a besarme por el cuello todo mi pecho hasta que sus pechos llegaron a mi polla, me la puso justo en medio apretó y empezó a masturbarme con sus pechos, cuando vio que empezaba a mojarme de nuevo pasó sus pezones, se posó de rodillas y abriéndose el coño se sentó en mi polla, entró sin problema con un gemido suyo, empezó a botar encima mía agarrándose los pechos.

Cuando estaba gritando, se agachó dándome todo su pecho, botaban en mi cara, chupaba lo que podía, agarré un pecho suyo y no pude evitar mordisquearlo, mientras ella cada vez se agitaba y gritaba más hasta que al final me corrí, ella se quedó mirándome, mientras se masturbaba. Mi pene estaba dentro suyo, de repente se levanta y da la vuelta enseñándome su gran culo.
-Venga acábame hijo puta, no me dejes así.

Me puso cachondo su tono imperativo y ver como en sus muslos ya se veía lo que era una gran corrida. Me levanté, separé sus nalgas y la metí rápidamente, ella apoyaba la cabeza en el colchón, mientras agarraba su culo empezó a correrse con un gran grito de placer, yo seguía hasta que me corrí mientras veía su cara roja llena de sudor y con el pelo pegado a su rostro, mientras susurraba: -si, así le gusta a mami. Me eché a su lado y nos abrazamos y besamos.

A partir de ese momento nos convertimos en amantes, durante un par de años, además de pasar ese fin de semana con ella sin salir de su casa, a veces ella llevaba la voz cantante y otras yo, es decir o me follaba ella o me la follaba yo, cambiábamos de rol dependiendo de nuestro estado de excitación.
Y desde entonces cada vez que veo una gordita da igual de que edad y de que tamaño siempre he acabado por tirarle los tejos. Probadlo amigos no os defraudará.

Fuente: http://www.marqueze.net/nuevos_relatos/2006-9-21MARTA,_MI_VECINA_REGORDETA.html


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